Lección N°4 El llamado al Discipulado

Lección 4: “El llamado al discipulado”

Para el 25 de abril de 2015

 

Sábado 18 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Lucas 5:1-11; 6:12-16; 9:1-6; Mateo 10:5-15; Lucas 10:1-24; 9:23-25; Mateo 16:24-28.

 

Para Memorizar: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Luc. 9:23)..

“Discípulo” significa seguidor, alumno. La palabra discípulo aparece más de 250 veces en la Biblia, mayormente en los evangelios y en Hechos.

Ser un discípulo da energía al espíritu, desafía la mente y demanda lo máximo en nuestra relación con Dios y nuestros prójimos. Sin una lealtad total a Cristo y a las demandas de su vida y su mensaje, no puede haber discipulado. ¿Qué vocación más elevada podríamos tener?

“Dios toma a los hombres como son, y los educa para su servicio si quieren entregarse a él. El Espíritu de Dios, recibido en el alma, vivificará todas sus facultades. Bajo la dirección del Espíritu Santo, la mente consagrada sin reserva a Dios se desarrolla armoniosamente, y se fortalece para comprender y cumplir los requerimientos de Dios. El carácter débil y vacilante se transforma en un carácter fuerte y firme. […] y llega a ser semejante a Cristo en mente y carácter” (DTG 216).

Esta semana consideraremos de qué modo llamó Jesús a los que habían de seguirlo, y qué lección podemos aprender que puede ayudarnos en nuestra continuación de la obra que él comenzó en la tierra.

Domingo 19 de abril: Pescadores de hombres

Simón y Andrés habían trabajado toda la noche. Eran pescadores veteranos y conocían el arte de la pesca. Sin embargo, en toda la noche no habían sacado nada. En su chasco, oyeron la orden: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” (Luc. 5:4). La respuesta de Simón fue una de desesperanza: “Toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra…” (vers. 5).

¿Quién es este carpintero que da consejos a pescadores acerca de cómo pescar? Simón podría haberse alejado, pero tal vez la predicación previa de Jesús tuvo algún efecto. De aquí la respuesta: “Mas en tu palabra”.

Aquí aparece la primera lección de discipulado: obediencia a la palabra de Cristo. Andrés, Juan y Santiago también aprendieron que la infructuosa noche daba lugar a un asombroso amanecer, con una gran pesca. De inmediato, Pedro cayó sobre sus rodillas y exclamó: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (vers. 8). El reconocer la santidad de Dios y la pecaminosidad propia es otro paso esencial en el llamado al discipulado. Como lo había hecho Isaías (Isa. 6:5), Pedro también dio ese paso.

Lee Lucas 5:1 al 11, Mateo 4:18 al 22, y Marcos 1:16 al 20. Considera el asombro de los pescadores, la confesión de Pedro y la autoridad de Jesús. ¿Qué dice cada uno de estos elementos acerca del sendero del discipulado?

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Luc. 5:10). La transición de ser un pescador a ser pescador de hombres es extraordinaria: requiere una entrega propia absoluta al Maestro, el reconocimiento de la incapacidad y pecaminosidad propias, el extenderse a Cristo con fe pidiendo la fuerza para andar por el sendero desconocido del discipulado, y una continua dependencia de Cristo solamente. La vida de un pescador es incierta y peligrosa, con las olas inclementes, inseguro de un ingreso continuado. La vida de un pescador de hombres no es muy diferente, pero el Señor promete: “No temas”. El discipulado no es un camino fácil; tiene sus altos y bajos, sus gozos y desafíos, pero un discípulo no camina solo. Aquel que dijo “No temas” está al lado del discípulo fiel.

La confesión de Pedro acerca de ser un pecador lo impulsó a querer separarse de Jesús. ¿Qué hay en el pecado que nos impulsa a alejarnos de Dios?

Lunes 20 de abril: La selección de los doce

El discipulado no lo hacemos nosotros. Es el resultado de responder al llamado de Jesús. Jesús ya había llamado a Pedro, z Andrés, a Juan y a Santiago (Luc. 5:11), y a Leví Mateo, el publicano (vers. 27-32). El escritor ubica la selección de los Doce en un lugar estratégico en su narración: inmediatamente después de la curación en sábado del hombre de la mano seca (Luc. 6:6-11), que llevó a los fariseos a complotar para asesinar a Jesús. El Señor sabía que era tiempo de preparar un equipo de obreros al que pudiera entrenar y preparar para la tarea más allá de la Cruz.

Lee Lucas 6:12 al 16 y 9:1 al 6. ¿Qué dicen estos versículos acerca del llamado de los doce apóstoles?

Entre las multitudes que lo seguían, había muchos discípulos que lo seguían como los estudiantes siguen a un maestro. Pero, Cristo debía hacer más que enseñar: debía edificar una comunidad de redimidos, una iglesia para llevar su mensaje salvador a toda la tierra. Para eso, necesitaba más que discípulos. “Escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Luc. 6:13). “Apóstol” significa alguien enviado con un mensaje especial para un propósito especial. Lucas usa la palabra seis veces en su evangelio, y más de 25 en Hechos (mientras Mateo y Marcos la usan una sola vez cada uno).

Los Doce fueron elegidos no por su educación, recursos económicos, situación social, eminencia moral o algo que los distinguiera para ser elegidos. Eran hombres comunes: pescadores, recolectores de impuestos, un zelote, uno que dudaba y uno que resultó ser un traidor. Fueron llamados para ser embajadores del Rey y de su Reino.

“Dios toma a los hombres tales como son, con los elementos humanos de su carácter, y los prepara para su servicio, si quieren ser disciplinados y aprender de él. No son elegidos porque sean perfectos, sino a pesar de sus imperfecciones para que, mediante el conocimiento y la práctica de la verdad, y por la gracia de Cristo, puedan ser transformados a su imagen” (DTG261).

Afrontémoslo: no somos perfectos, ni los demás en la iglesia lo son. Todos estamos en el proceso de crecer (aun si los demás parecen crecer más lento de lo que nos gustaría). ¿Cómo aprendemos a trabajar con otros, y aceptarlos tales como son?

Martes 21 de abril: Comisión de los apóstoles

Lee Lucas 9:1 al 6 y Mateo 10:5 al 15. ¿Qué verdades espirituales podemos aprender del modo en que Jesús llamó a estos hombres?

Lucas describe la comisión asignada a los apóstoles como un proceso de tres pasos.
Primero, Jesús los llamó a reunirse (Luc. 9:1). La palabra llamar o llamado es vital para la misión y para el vocabulario cristiano. Más que un término teológico, debe ser una experiencia personal. Los apóstoles deben prestar atención a quien los llama, ir a él y estar “juntos”. Tanto la obediencia a quien llama como la entrega de todo a él son esenciales para experimentar la unidad que dará éxito a la misión.

Segundo, Jesús “les dio poder y autoridad” (Luc. 9:1). Jesús no envía a sus emisarios con las manos vacías, ni espera que lo representemos con nuestras fuerzas. Nuestra educación, cultura, posición, riqueza o inteligencia son impotentes para realizar su misión. Cristo es quien nos capacita, nos equipa y nos da poder. La palabra griega para “poder” es dúnamis, de la cual se derivan “dínamo”, una fuente de luz, y “dinamita”, fuente de energía que puede penetrar montañas. El poder que Jesús da es suficiente para aplastar al diablo. Jesús es nuestro poder. “Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones” (PVGM 268).

Tercero, Jesús “los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos” (Luc. 9:2). Predicar y sanar van juntos, y la misión de los discípulos es cuidar de la persona completa: cuerpo, mente y alma. El pecado y Satanás han capturado a la persona entera, y toda ella debe ser llevada a estar bajo el poder santificador de Jesús.

La vida del discípulo puede mantenerse solo cuando su vida está totalmente entregada a Cristo, sin nada que se interponga. Ni oro o plata, ni padre o madre, ni cónyuge o hijo, ni la vida ni la muerte, ni las contingencias de hoy ni las de mañana, se interpondrán entre el discípulo y Cristo. Solo importan Cristo, su Reino y el testimonio a un mundo perdido.

“No toméis nada para el camino” (Luc. 9:3). ¿Qué principio se expresa aquí que es importante que comprendamos y experimentemos por nosotros mismos?

Miércoles 22 de abril: El envío de los setenta

Lee Lucas 10:1 al 24. ¿Qué nos enseña el envío de los setenta sobre la obra de ganar almas en medio de la gran controversia?

En su ministerio, muchos discípulos siguieron a Jesús. Cuando Pedro dirigió la selección de un reemplazo de Judas, el grupo contaba con por lo menos 120 discípulos (Hech. 1:15). Pablo dice que Jesús tuvo no menos de 500 seguidores cuando ascendió (1 Cor. 15:6). Así que el envío de los 70 no limita el número de los discípulos que tenía Jesús, sino que sugiere la elección de un grupo especial para una misión limitada antes de que él fuera a los pueblos de Galilea.

Solo el Evangelio de Lucas registra el envío de los setenta, muy típico de la mente misionera de Lucas. El número 70 es simbólico en las Escrituras, y en la historia judía. Génesis 10 enumera setenta naciones del mundo como descendientes de Noé, y Lucas tenía una cosmovisión universal. Moisés designó a setenta ancianos para ayudarle en su obra (Núm. 11:16, 17, 24, 25). El Sanedrín estaba compuesto por setenta miembros. No se menciona si ese número tuvo importancia en el envío de los setenta, y no hay necesidad de especular. Lo importante es que Jesús, como adiestrador de dirigentes para la iglesia, no concentró poder y responsabilidad en unos pocos, sino que la esparció entre muchos.

Gozo y satisfacción señalaron el retorno de los setenta. Informaron a Jesús: “Aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Luc. 10:17). El éxito en la ganancia de almas nunca es el trabajo del evangelista. Él es solo un medio. El éxito viene por medio de “tu nombre”. El nombre y el poder de Jesús están en el centro de cada misión evangelizadora.

Pero, nota tres reacciones de Jesús ante el éxito de los setenta. Primero, en el éxito de la evangelización, Jesús ve la derrota de Satanás (vers. 18). Segundo, se promete que, cuanto más involucrada esté una persona en la evangelización, más autoridad tendrá (vers. 19). Tercero, el evangelista no debe gozarse por lo realizado en la tierra, sino porque su nombre esté escrito en el cielo (vers. 20). El Cielo se regocija por cada persona arrancada a Satanás, y es un golpe para los planes de este.

Lee otra vez Lucas 10:24. ¿Qué cosas hemos visto, que los profetas y reyes desearon ver pero no pudieron? ¿Qué debería significar esto para nosotros?

Jueves 23 de abril: El costo del discipulado

Sócrates tuvo a Platón. Gamaliel tuvo a Saulo. Otros dirigentes tuvieron seguidores devotos. La diferencia entre el discipulado en tales casos y el discipulado de Jesús es que los primeros están basados en filosofías humanas, mientras que el último se basa en la persona y los logros de Jesús. Es decir, el discipulado cristiano se basa no solo en las enseñanzas de Cristo, sino también en lo que él hizo por la salvación del hombre. Por ello, Jesús pide a todos sus seguidores que se identifiquen con él, que tomen su cruz y que sigan su conducción. Sin personas que caminen en las pisadas del Calvario, no hay discipulado cristiano.

Lee Lucas 9:23 al 25, Mateo 16:24 al 28 y Marcos 8:34 al 36. ¿Cuál es el mensaje vital para todo el que afirma ser cristiano?

El discipulado cristiano es un eslabón entre los salvados y el Salvador; como salvados, debemos seguir al Salvador. Por eso Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20).

El costo del discipulado se define en Lucas 9:23. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Nota estas palabras operativas: “negarse”, “tomar” y “seguir”. Una buena definición de “negar” la da el hecho de la negación de Pedro. Él decía: “No conozco a Jesús”. Cuando el discipulado demanda que nos neguemos, tengo que poder decir que no me conozco; el “yo” está muerto. En su lugar, debe vivir Cristo (Gál. 2:20). Segundo, tomar la cruz cada día es un llamado a experimentar la crucifixión propia en forma continua. Tercero, “seguir” demanda que la dirección de la vida sea señalada por Cristo, y solo él.

Jesús amplió más el costo del discipulado, según Lucas 9:57 al 62: nada debe anteponerse a Jesús. Él, y solamente él, es supremo en amistad y compañerismo, trabajo y adoración. En el discipulado cristiano, la muerte al yo no es una opción: es una necesidad. “Cuando Cristo llama a un hombre, le pide que vaya y muera… Es la misma muerte cada vez: muerte en Jesucristo, la muerte del hombre viejo ante su llamado… Solo el hombre que está muerto a su propia voluntad puede seguir a Cristo”.–Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship, p. 99.

¿Qué te ha costado seguir a Cristo? Piensa en las implicaciones que tiene tu respuesta.

Viernes 24 de abril

Para Estudiar y Meditar:

“El levantar la cruz separa al alma del yo, y pone al hombre en condición de aprender cómo llevar las cargas de Cristo. No podemos seguir a Cristo sin llevar su yugo, sin tomar su cruz y llevarla tras él. Si nuestra voluntad no está de acuerdo con los requerimientos divinos, debemos poner coto a nuestras inclinaciones, abandonar nuestros deseos más queridos y caminar en la huella de Cristo” (HHD 71).

Preguntas para Dialogar:

  1. Vuelve a considerar la pregunta que aparece al final de la sección del miércoles, con respecto a Lucas 10:24. ¿Cuáles son algunas de las cosas que nosotros, los que vivimos en estos días, hemos podido presenciar que “muchos profetas y reyes” desearon ver pero no vieron? ¿Qué diremos, por ejemplo, del cumplimiento de las profecías? Piensa en Daniel 2, 7 y 8, que estaba todavía en el futuro para muchos de esos profetas y reyes, pero que son hechos históricos para nosotros. ¿Qué otras cosas crees que podrían ser?
  2. Medita en las palabras de Jesús acerca de alguien que gana todo el mundo pero pierde su alma. ¿Qué quiso decir con eso? Y ¿qué acerca de perder la vida para salvarla? ¿Qué significa eso? Una cosa es que un no creyente se aferre egoístamente a las cosas de este mundo. Es así, porque eso es todo lo que creen que tienen; ¿a qué otra cosa podrían aferrarse? Pero ¿por qué, aun como creyentes en Jesús, los que sabemos que este mundo terminará, y un día comenzará otro mundo nuevo, nos encontramos tan fácilmente buscando ganar tanto como podamos de este mundo? ¿De qué modo podemos protegernos de esta trampa espiritual muy peligrosa?
  3. Lee Lucas 10:17 al 20. Podemos entender el entusiasmo de esos discípulos al ver que aun los demonios se sujetaban a ellos en el nombre de Cristo. Considera la respuesta que les dio Jesús. ¿Qué decía él que es tan importante que entiendan todos los que están involucrados en alcanzar a otros?
  4. ¿A quiénes, fuera de los personajes bíblicos, la elección de seguir a Cristo les costó mucho, tal vez más que a la mayoría de nosotros? En la clase pregúntense: ¿Qué perdieron esas personas?, ¿cuál fue el costo seguir de Cristo? y ¿estaría yo dispuesto a hacer lo mismo?

Lección Nº3 Quién es Jesucristo ?

Lección 3: “¿Quién es Jesucristo?”

Para el 18 de abril de 2015

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Sábado 11 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Lucas 4:16-30; 6:5; Efesios 1:3-5; Lucas 9:18-27; 2 Pedro 1:16-18.

Para Memorizar: “Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: “El Cristo de Dios” (Luc. 9:20).

¿Quién es Jesucristo?

La pregunta no es un artilugio filosófico ni sociológico. Llega al centro de quiénes son los seres humanos y, aún más importante, qué les ofrece la eternidad.

La gente puede admirar las obras de Jesús, honrar su palabra, exaltar su paciencia, abogar por su no violencia, aclamar su firmeza, alabar su abnegación, y quedarse sin habla por el cruel final de su vida. Muchos incluso están listos para aceptar a Jesús como un hombre bueno que trató de poner orden en las cosas, infundir equidad donde había injusticias, ofrecer sanidad donde había enfermedad y traer consuelo donde había solo miseria.

Sí, Jesús bien pudo ganarse el título del mejor maestro, un revolucionario, un líder por excelencia, y un psicólogo que puede penetrar las profundidades del alma de la persona. Él fue todo eso, y mucho más.

Sin embargo, ninguna de estas cosas llega cerca de responder la pregunta de máxima importancias que Jesús mismo planteó: “¿Y vosotros, quién decís que soy?” (Luc. 9:20).

Es una pregunta que demanda una respuesta, y de la cual depende el destino de la humanidad.

Domingo 12 de abril: Reacciones ante Jesús

Lee los evangelios y el Nuevo Testamento. En estos libros se hacen afirmaciones increíbles, no solo sobre lo que hizo Jesús, sino acerca de quién fue él (por supuesto, lo que Jesús hizo afirma con fuerza quién era Jesús). Estas afirmaciones –que él es Dios, que es nuestro Redentor, que solo él es el Camino a la vida eterna− demandan nuestra atención porque tienen implicaciones de consecuencias eternas para cada ser humano.

Lee Lucas 4:16 al 30. ¿Qué hizo que la gente reaccionara como lo hizo? Ver también Juan 3:19.

La audiencia del pueblo de su niñez estuvo entusiasmada al principio de ver a Jesús quien, después de realizar muchos milagros y maravillas, regresó a Nazaret, y “estaban maravillados de las palabras de gracia” que pronunciaba (Luc. 4:22). Pero, su reacción ante su reprensión mostró qué espíritu realmente los animaba.

Lee Lucas 7:17 al 22. ¿Cuál fue la pregunta de Juan acerca de Jesús, y por qué la habría hecho?

Aun Juan el Bautista, el precursor de Jesús y el que lo anunció como “el Cordero de Dios”, tuvo dudas que penetraron en las profundidades de su ser. Quería saber: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” (Luc. 7:19).

Nota también que Jesús no respondió directamente la pregunta de Juan; en cambio, señaló los hechos que daban testimonio: “los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (vers. 22). Se podría alegar que Jesús no necesitaba responder directamente a la pregunta de Juan; sus actos y acciones daban amplio testimonio de quién era.

En un sentido, la respuesta que dio Jesús podría haber hecho que Juan estuviera un poco más consternado. Después de todo, si Jesús tiene el poder de hacer todas esas cosas increíbles, ¿por qué estoy languideciendo en esta cárcel?¿Quién no se ha hecho la misma pregunta en sus propias tragedias personales:Si Dios tiene tanto poder, ¿por qué me ocurre esto a mí? ¿Por qué es la Cruz, y todo lo que ella representa y promete, nuestra única respuesta?

Lunes 13 de abril: Hijo de Dios

“Hijo del hombre” e “Hijo de Dios” son dos nombres con los que los evangelios describen quién era Jesús. El primero indica al Dios encarnado; el segundo señala su divinidad como la segunda Persona de la Deidad. Juntas, los dos nombres nos invitan a meditar en el milagro de Jesucristo: Dios, que es tanto divino como humano. Es un concepto difícil de captar, pero esa dificultad no quita nada de esta verdad asombrosa, y de la gran esperanza que nos ofrece.

Lee Lucas 1:31, 32 y 35; y 2:11. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de quién es realmente Jesús?

En Lucas 1:31 y 32, el ángel vincula el nombre “Jesús” con el “Hijo del Altísimo” a quien “el Señor Dios le dará” el trono de David. Jesús es el Hijo de Dios. Él es también el Cristo, el Mesías, quien restaurará el trono de David, no como un libertador terrenal, sino en el sentido escatológico de ser el que, en última instancia, derrotará el intento de Satanás de usurpar el trono de Dios mismo. A los pastores, el ángel anunció que el niño en el pesebre era el “Salvador, que es Cristo el Señor” (Luc. 2:11).

Al mismo tiempo, el título “Hijo de Dios” no solo afirma la posición de Cristo en la Deidad, sino también revela la estrecha e íntima relación que Jesús tuvo con Dios el Padre mientras Jesús estuvo sobre esta tierra.

No obstante, la relación entre el Padre y el Hijo no es la misma que tenemos nosotros con Dios. Aunque nuestra relación es un resultado de la obra de Cristo, tanto como Creador y Redentor, su relación con el Padre como Hijo es la de uno de los tres socios iguales y eternos. Por medio de su divinidad, Jesús mantuvo los lazos más estrechos posibles con el Padre.

“Jesús dice: ‘Mi Padre que está en los cielos’, como para recordar a sus discípulos que mientras que por su humanidad está vinculado con ellos, participa de sus pruebas y simpatiza con ellos en sus sufrimientos, por su divinidad está unido con el trono del Infinito” (DTG 410).

¿Qué significa para nosotros que Jesús fue Dios, en el sentido más pleno? Aunque esta verdad está llena de implicaciones, una de las más asombrosas es que, aunque era Dios, Jesús condescendió no solo a tomar sobre sí nuestra humanidad, sino a ofrecerse a sí mismo como sacrificio en esa humanidad, por nosotros. ¡Estamos hablando aquí de Dios! ¿Qué esperanza maravillosa nos da esta verdad por lo que nos dice acerca de cómo realmente es Dios?

Martes 14 de abril: Hijo del hombre

Aunque Jesús era bien consciente de que era tanto Hijo del Hombre como Hijo de Dios (Luc. 22:67-70), su manera favorita de designarse fue “Hijo del Hombre”. Nadie se dirigió a él con ese título. Fuera de los evangelios, solo aparece ese título en el discurso de Esteban (Hech. 7:56) y en Apocalipsis 1:13 y 14:14; pero aparece 25 veces en Lucas y más de 80 en los evangelios. En Lucas, destaca su interés en la humanidad de Jesús como el hombre enviado por Dios para proclamar la salvación.

“La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo y, mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio. Cristo fue un verdadero hombre. Dio prueba de su humildad al convertirse en hombre. Sin embargo, era Dios en la carne” (MS 1:286).

El uso de “Hijo del Hombre” en Lucas da vislumbres de la naturaleza, la misión y el destino del Jesús encarnado.

Primero, el título lo identifica como humano (Luc. 7:34), sin un domicilio o seguridad mundanos (Luc. 9:58).

Segundo, Lucas lo usa para afirmar la naturaleza y la divinidad de Cristo: “El Hijo del Hombre es Señor aun del sábado” (Luc. 6:5). Él también es el Creador, con el poder de perdonar pecados (Luc. 5:24).

Tercero, para realizar su misión redentora ordenada antes de la fundación del mundo (Efe. 1:3-5), el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar a los perdidos (Luc. 9:56; 19:10). Pero, la redención misma no puede ser completada hasta que “el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado… y sea muerto, y resucite al tercer día” (Luc. 9:22). Este sendero que el Hijo del Hombre debía recorrer, y el precio que debía pagar, revelan el origen divino del plan de la redención y la sumisión de Cristo, en su humanidad, a ese plan.

Cuarto, nota el cuadro completo del sufrimiento del Mesías en Lucas: su conocimiento previo de la Cruz (Luc. 18:31-33), la traición (Luc. 9:44), su muerte en cumplimiento de la profecía (Luc. 22:22), su crucifixión y su resurrección (Luc. 24:7; compara con Luc. 11:30), y su función como Mediador ante el Padre (Luc. 12:8).

Quinto, Lucas ve al Hijo del Hombre en términos de los últimos días como Aquel que retorna a la tierra para recompensar a sus santos y para concluir la gran controversia (Luc. 9:26; 12:4; 17:24, 26, 30; 21:36; 22:69).

En pocas palabras, el título “Hijo del Hombre” incorpora los diversos aspectos de quién es Cristo, lo que vino a hacer, lo que hizo y lo que hará por nosotros.

Miércoles 15 de abril: “El Cristo de Dios”

Lee Lucas 9:18 al 27. ¿Por qué haría Jesús una pregunta cuya respuesta él ya sabía? ¿Qué lección procuraba enseñarles acerca de sí mismo y de lo que significa seguirlo?

“¿Y vosotros, quién decís que soy?” (Luc. 9:20). La pregunta que hizo Jesús hace dos mil años ronda todavía hoy. Se han dado muchas respuestas diferentes. Un gran maestro. Un ético profundo. La personificación de la verdad. La encarnación del sacrificio propio. Un profeta intrépido. Un reformador social. Un modelo de todo lo que debe ser un ser humano. Pero, solo lo que dijo Pedro es la respuesta suficiente.

Después de revelar su autoridad sobre la naturaleza (Luc. 8:22-25), su poder sobre los demonios (vers. 26-35) y las enfermedades (Luc. 5:12-15; 8:43-48), su capacidad para alimentar a cinco mil personas (9:13-17), y su poder sobre la misma muerte (8:51-56), Jesús confronta a sus discípulos con dos preguntas: primera, qué piensan otros acerca de él; segunda, qué piensan ellos mismos. No lo preguntó para conocer algo que no supiera ya, sino porque les pediría un compromiso que les costaría todo.

“Nuestro conocimiento de Jesús jamás puede ser de segunda mano. Alguien puede conocer todo lo que se ha dicho acerca de Jesús; puede conocer todas las cristologías concebidas por la mente del hombre; puede ser capaz de brindar un resumen competente de las enseñanzas sobre Jesús que hubiera hecho cada pensador y teólogo del mundo, y sin embargo no ser cristiano. El cristianismo nunca consiste en conocer algo sobre Jesús; siempre consiste en conocer a Jesús. Jesucristo exige un veredicto personal. No solo le preguntó a Pedro; pregunta a cada hombre: ‘Tú, ¿qué piensas de mí?”–William Barclay, El Nuevo Testamento comentado: Mateo, 2:147.

Nuestra respuesta a la pregunta de Jesús solo puede ser la confesión de Pedro: Jesús es “el Cristo de Dios” (Luc. 9:20). Cristo significa “ungido”, el Mesías, cuya misión es la de liberar a la humanidad de las garras de Satanás y del pecado, e inaugurar el reino de la justicia.

No es suficiente saber quién fue Jesús. Necesitamos conocerlo por nosotros mismos. Entonces, si tú afirmas conocer a Jesús, ¿qué sabes realmente de él? Es decir, ¿qué te ha enseñado tu conocimiento personal de Jesús sobre él, y acerca de cómo es él?

Jueves 16 de abril: La transfiguración

Lee los informes de la transfiguración en los tres evangelios (Luc. 9:27-36; Mat. 17:1-9; Mar. 9:2-8). (Además, lee el informe de Pedro, y nota lo que él establece de su experiencia presencial: 2 Ped. 1:16-18.) ¿Qué información adicional da Lucas, y por qué es importante?

Lucas da un detalle que Mateo y Marcos no mencionan: Jesús subió al monte para orar, y tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago. Jesús se concentró en Jerusalén, y previó el sendero de sufrimiento que le esperaba. Jesús quería estar seguro de que hacía lo que Dios quería que hiciese. En esos momentos, la oración era la única manera de encontrar certeza y seguridad. El proceso de orar derramó gloria divina sobre Jesús: “La apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente” (Luc. 9:29).

El Jesús transfigurado conversaba con Moisés y Elías acerca de “su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén” (vers. 31). La palabra partida puede entenderse como: su venidera muerte en Jerusalén (aunque la palabra utilizada, éxodos, no se usa a menudo para la muerte); pero, “partida” también puede ser el gran “éxodo” que Jesús estaba por realizar, el éxodo redentor que traería liberación del pecado.

La conversación de los tres concluyó con una voz de aprobación del Cielo: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. (vers. 35). La transfiguración ungió a Jesús con gloria, afirmó su calidad de Hijo, y anunció que la redención le costaría la vida. De allí, la orden celestial a los discípulos: Oídlo a él. Sin obediencia y lealtad exclusiva a él, no hay discipulado.

Elena de White dice que Moisés y Elías, “escogidos antes que cualquier ángel que rodease el trono, habían venido para conversar con Jesús acerca de las escenas de sus sufrimientos, y para consolarle con la seguridad de la simpatía del Cielo. La esperanza del mundo, la salvación de todo ser humano, fue el tema de su entrevista” (DTG 391). De este modo, Jesús, que había consolado a tantos otros, encontró consuelo para sí mismo. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo aún los más fuertes entre nosotros, nuestros dirigentes, maestros y conductores, pueden a veces necesitar ánimo y ayuda de otros? ¿A quién conoces que ahora mismo podría necesitar consuelo y ánimo?

Viernes 17 de abril

Para Estudiar y Meditar:

“Evitad toda cuestión que se relacione con la humanidad de Cristo que pueda ser mal interpretada. La verdad y la suposición tienen no pocas similitudes. Al tratar de la humanidad de Cristo, necesitáis ser sumamente cuidadosos en cada afirmación, para que vuestras palabras no sean interpretadas haciéndoles decir más de lo que dicen, y así perdáis u oscurezcáis la clara percepción de la humanidad de Cristo combinada con su divinidad. Su nacimiento fue un milagro de Dios. […] Nunca dejéis, en forma alguna, la más leve impresión en las mentes humanas, de que una mancha de corrupción o una inclinación hacia ella descansaron sobre Cristo, o que en alguna manera se rindió a la corrupción. Fue tentado en todo como el hombre es tentado y, sin embargo, él es llamado “el Santo Ser”. Que Cristo pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y, no obstante, fuera sin pecado es un misterio que no ha sido explicado a los mortales. La encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo”.- “Comentarios de Elena G. de White”, CBA 5:1102, 1103.

Preguntas para Dialogar:

  1. Lee la cita de Elena de White que antecede, acerca de la naturaleza humana de Cristo. Debemos afrontar el hecho de que la naturaleza humana de Jesús, así como su naturaleza divina, es una gran verdad que por ahora no podremos entender completamente. Ella escribió: “La encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo”. ¿Por qué debemos ser muy cuidadosos acerca de pronunciar juicios severos sobre quienes no comprenden este “misterio” del mismo modo que nosotros?

  2. Piensa acerca de lo que sucedió en el monte de la transfiguración. Este evento en la historia de la salvación estaba por ocurrir, y ¿qué hacían los discípulos que subieron al monte con él? ¡Dormían! ¿De qué modo puede ser esta una metáfora de nosotros mismos, como creyentes o como iglesia, que vivimos justo antes de otro gran evento: la segunda venida de Jesús?

  3. Lee algunas de las cosas que Jesús dijo acerca de sí mismo. ¿Por qué, entonces, la idea de que Jesús fue solo un gran hombre, un gran profeta o un gran dirigente espiritual tiene una falla lógica? ¿Por qué debemos aceptar que era lo que él dijo ser, y no un lunático o un engañador? ¿Por qué no hay otra opción para nosotros con respecto a la identidad de Jesús?

Lección Nº2 El bautismo y las Tentaciones

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Sábado 4 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Lucas 3:1-14; Romanos 6:1-6; Lucas 3:21, 22; 4:5-8; Isaías 14:13, 14; Lucas 4:9-13.

Para Memorizar: “Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Luc. 3:22).

Como ya vimos, Lucas proporciona una lista de personajes históricos para ayudarnos a ver que su informe de Jesús y de Juan tan es real e histórico como estos poderosos personajes históricos.

Pero, hay otra razón importante para mencionar a estos hombres de poder e influencia: contrastarlos con el hombre humilde del desierto, Juan el Bautista, el mensajero elegido por Dios que iba a “preparar el camino” para el evento más importante de toda la historia humana: la venida de Jesús, el Redentor. Es muy interesante que Dios no eligiera a alguno de los “grandes” hombres para anunciar al Mesías, sino a uno de los “más bajos”.

Los eruditos reúnen todas estas personalidades históricas y dan una fecha próxima a 27 o 28 d.C. para el comienzo del ministerio de Juan el Bautista y Jesús. Dentro de este marco histórico, Jesús fue bautizado y recibió la confirmación del Cielo de que él era el “Hijo amado” de Dios (Luc. 3:22). Lucas establece este hecho al mismo comienzo, antes de presentar a sus lectores su “informe ordenado” de la misión y el ministerio de Jesucristo.

Domingo 5 de abril: Prepara el camino del Señor

En Lucas 3, Juan aparece en su función específica y vital en la historia de la salvación. Se puede decir cualquier cosa de la predicación de Juan, menos que endulzaba sus palabras a fin de agradar a la multitud.

Lee Lucas 3:1 al 14. Sus palabras estaban llenas de verdades importantes, no solo para los que podían escucharlo, sino para todos nosotros. ¿Qué puntos específicos puedes encontrar que Juan está diciendo aquí?

El arrepentimiento no es solo un concepto teórico. Es una manera de vivir. La palabra viene del griego metanóia, que significa un cambio de mentalidad, lo que conduce a una vida nueva.
“Bautizar” significa sumergir completamente en agua. La inmersión es un simbolismo profundo. Aun antes del tiempo de Juan, los judíos daban un significado especial al bautismo por inmersión. Era una práctica común cuando los prosélitos gentiles elegían unirse a la fe judía.

Al invitar a los judíos a ser bautizados, Juan el Bautista estaba presentando un principio nuevo: el bautismo es una ocasión en que la persona renuncia públicamente a sus viejos caminos pecaminosos, y se prepara para la venida del Mesías. Juan el Bautista introdujo así un acto simbólico de renuncia al pecado y consagración a una nueva manera de vivir como ciudadanos del Reino mesiánico, que estaba por inaugurarse. Juan fue rápido en añadir que él bautizaba solo con agua, pero que vendría Uno después de él que los “bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Luc. 3:16). De este modo, se planteó un punto vital: el bautismo como un acto de inmersión en el agua era solo un símbolo exterior de un cambio interior, un cambio que finalmente sería sellado por el bautismo del Espíritu Santo.

Lee Romanos 6:1 al 6. ¿Qué lecciones espirituales obtiene el apóstol Pablo del acto del bautismo? Nota la comparación que hace entre el acto de inmersión y el surgir del agua, con el morir al pecado y vivir para la justicia. ¿Has experimentado la realidad de esta nueva vida en Cristo? ¿Qué áreas todavía están sumergidas?

Lunes 6 de abril: “Tú eres mi hijo amado”

En Lucas 2:41 al 50, leemos la famosa historia de cuando José y María perdieron de vista a Jesús en Jerusalén. Especialmente fascinante es la respuesta de Jesús a María cuando ella lo reprende (vers. 48). La respuesta de Jesús es una afirmación de que era consciente de ser divino, de que era el Hijo de Dios. “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (vers. 49). Como dice el versículo siguiente, José y María no captaron aquello que las palabras Jesús implicaban. Para ser justos, ¿cómo podrían saberlo? Después de todo, aún los discípulos, después de pasar años junto a Jesús, no estaban totalmente seguros de quién era él y lo que él había de hacer.

Por ejemplo, después de su resurrección, Jesús habló con dos discípulos en el camino a Emaús. Uno de ellos, al referirse a Jesús, había dicho que este fue “profeta, poderoso en obra y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo” (Luc. 24:19). Jesús, por supuesto, era mucho más que un profeta. Aun entonces, ellos no habían captado quién era él y qué había venido a hacer.

Lee Mateo 3:13 al 17, Juan 1:29 al 34, y Lucas 3:21 y 22. ¿Cuál es la importancia del bautismo de Jesús?

En ocasión de su bautismo, el Cielo afirmó que Jesús era el Hijo de Dios. Jesús buscó el bautismo no porque él lo necesitara como parte de un proceso posterior al arrepentimiento, sino para dar el ejemplo a otros (Mat. 3:14, 15). Se destacan tres factores importantes con respecto al bautismo de Jesús: 1) la proclamación del Bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29); 2) el ungimiento del Espíritu Santo para la misión futura; y 3) la proclamación celestial de que Jesús es el Hijo de Dios, en quien el Padre tiene complacencia.

Piensa en esto: el inmaculado Hijo de Dios, el Creador del cosmos, fue bautizado por un mero ser humano, como parte del plan de salvación. ¿De qué modo esta asombrosa condescendencia nos ayuda a estar dispuestos a humillarnos cuando la ocasión así lo demanda?

Martes 7 de abril: “No sólo de pan”

“Y Jesús, lleno del Espíritu Santo… fue llevado por el Espíritu al desierto, por cuarenta días, y era tentado por el diablo” (Luc. 4:1, 2). Nacido para una misión ordenada por Dios, comisionado para la tarea en ocasión de su bautismo, equipado con el poder del Espíritu Santo, Jesús el Cristo se retiró al desierto para contemplar la tarea que tenía por delante.

La tentación en el desierto fue una batalla importante entre Cristo y Satanás en la gran controversia, trabada desde la rebelión de Lucifer en el cielo. En el desierto, cuando el Salvador estaba debilitado por haber pasado los cuarenta días sin comer y el camino por delante parecía sombrío y fatigoso, Satanás asumió el comando de su ataque contra Jesús. “Satanás vio que debía vencer o ser vencido. Los resultados del conflicto significaban demasiado para ser confiados a sus ángeles confederados. Debía dirigir personalmente la guerra” (DTG 91).

Nota lo que Satanás le dijo a Cristo: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan” (Luc. 4:3). ¿Qué estaba tratando de hacer Satanás en ese momento, que reflejaba lo que había intentado hacer en el cielo?

El pan no es el problema central aquí. Sí, los cuarenta días de ayuno en el desierto deben de haber dejado a Jesús con mucho apetito, y Satanás usó esta circunstancia como señuelo. Pero, Satanás sabe que Jesús es el Creador del universo. Para quien creó el universo de la nada, hacer pan de una piedra no es un problema. El punto vital en la tentación se encuentra en su introducción: “Si eres Hijo de Dios”. Solo cuarenta días antes, la voz del Cielo afirmó que Jesús era realmente el Hijo de Dios, y ahora, ¿debía dudar Jesús de esa seguridad celestial? Dudar de la Palabra de Dios es el primer paso en el ceder a la tentación. En el cielo, Satanás desafió la autoridad de Jesús; y lo hizo también aquí, incluso de una manera mucho más sutil de lo que trató de hacerlo en el cielo.

¿Cómo puedes aprender a no caer ante los intentos de Satanás de impulsarte a dudar de las promesas de Dios, como trata de hacerlo con todos nosotros?

Miércoles 8 de abril: “Si me adorares”

Lee Lucas 4:5 al 8. ¿Por qué Satanás quería que Jesús lo adorara? ¿Qué tema vital estaba en juego aquí?

La adoración es solo una prerrogativa de Dios. Es el factor que para siempre separa a las criaturas del Creador. Uno de los temas de la rebelión de Lucifer contra Dios en el cielo fue el de la adoración. La ambición de Lucifer está bien resumida en Isaías 14:13 y 14: ascender al cielo, exaltar su trono por sobre las estrellas del cielo, ser como el Altísimo. Fue un intento de usurpar la autoridad que pertenece solo al Creador, y que nunca será de ninguna criatura, no importa cuán exaltada sea.

En este contexto, podemos entender mejor qué ocurre en esta tentación. Cuando Jesús estaba a punto de iniciar su misión para redimir al mundo y volverlo a la posesión y autoridad de Dios, Satanás lo llevó a la cumbre de un monte, dándole una visión panorámica de todos los reinos, y ofreciéndoselos a él a cambio de un acto sencillo: “Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos” (Luc. 4:7).

Satanás estaba tratando de desviar la perspectiva de Cristo de su prioridad divina y de atraerlo con la pompa y la gloria, por un precio no más alto que una inclinación. Estaba tratando aquí, otra vez, de conseguir la autoridad y la adoración que no pudo obtener en el cielo.

Nota que Cristo echó a Satanás con total desprecio: “Vete de mí, Satanás” (vers. 8). La adoración y el servicio que la acompaña pertenecen al Dios Creador exclusivamente. Aquí otra vez la Palabra de Dios viene en su ayuda. ¿No dijo la Inspiración, mediante Moisés: “Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios… A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deut. 6:4, 5, 13)? Resolver seguir absolutamente a Dios en fe y obediencia es la respuesta definitiva a las mentiras y trampas de Satanás.

Cualquiera de nosotros puede afrontar tentaciones a comprometer nuestra fe, aun en “cosas pequeñas”. Tu trabajo, aprobar un examen, tu promoción, demandan un compromiso con respecto al sábado. Tu visa a un país mejor depende de un cambio de nombre que esconda tu fe. ¿En qué punto puedes hacer un trato? ¿Cuándo, si puede ser alguna vez, el precio es correcto?

Jueves 9 de abril: Cristo el vencedor

Lucas y Mateo invierten el orden de la segunda y la tercera tentaciones. La razón no es clara, pero eso no necesita detenernos. El punto vital es la victoria final de Jesús sobre Satanás, proclamada en ambos evangelios. Al estudiar las tentaciones vemos que Jesucristo es una Persona real: tentado como nosotros, pero sin pecado (Heb. 4:15). Con su victoria sobre cada una de las tentaciones, su triunfo sobre Satanás, con la Palabra de Dios en su boca y conectado con el poder celestial por medio de la oración, Jesús sale para proclamar el Reino de Dios e inaugurar la era mesiánica.

Lee Lucas 4:9 al 13 y Mateo 4:5 al 7. En las primeras dos tentaciones, Jesús usó la Escritura para vencer la incitación de Satanás. Ahora, en la tercera, Satanás cita la Escritura para probar si Jesús realmente toma en serio la Palabra de Dios. ¿Qué ocurre allí, y cómo responde Jesús?

Satanás lleva a Jesús al pináculo del Templo en Jerusalén, el lugar más sagrado de la historia judía. La ciudad de Sion, el Templo donde Dios habita entre su pueblo, llega a ser el sitio para la confrontación de Satanás con Jesús. “Si eres Hijo de Dios” es otra vez la introducción. Observa lo que dice Satanás: Si Dios es realmente tu Padre, y si verdaderamente él planeó tu misión, arrójate desde el pináculo, y asegúrate de una vez por todas. Seguramente, si eso es cierto, Dios no dejará que te lastimes. Luego cita la Escritura: “A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden” (Luc. 4:10).

Satanás conoce las Escrituras, pero las interpreta mal. Su táctica es llevar a Jesús a poner a Dios a prueba. Dios realmente prometió la protección de sus ángeles, pero solo en el contexto de hacer su voluntad, como fue el caso de Daniel y sus compañeros. Jesús responde a Satanás otra vez usando la Escritura, declarando que no nos corresponde poner a prueba a Dios (ves. 12). Nuestro deber es entregarnos a la voluntad de Dios y dejar que él haga el resto.

Nota cuatro enseñanzas bíblicas principales en las tentaciones: 1) Ninguno está libre de las tentaciones; 2) cuando Dios permite que seamos tentados, también provee la gracia y el poder para vencer; 3) las tentaciones no se presentan del mismo modo cada vez; 4) ninguno es tentado más allá de su capacidad para soportar la tentación (1 Cor. 10:13).

Viernes 10 de abril

Para Estudiar y Meditar:

“Si José y María hubiesen fortalecido su ánimo en Dios por la meditación y la oración, podrían haberse dado cuenta del carácter sagrado de su cometido, y no habrían perdido de vista a Jesús. Por la negligencia de un día, perdieron de vista al Salvador; y el hallarle les costó tres días de ansiosa búsqueda. Por la conversación ociosa, la maledicencia o el descuido de la oración, podemos en un día perder la presencia del Salvador, y pueden requerirse muchos días de pesarosa búsqueda para hallarle, y recobrar la paz que habíamos perdido” (DTG 62)

Preguntas para Dialogar:

  1. La tentación, en sí misma, no es pecado. En el sentido bíblico, la tentación tiene el potencial de afirmar la posibilidad de la santidad. Ser tentado es una cosa; caer en pecado, otra. Al mismo tiempo, ¿cuál es nuestra responsabilidad acerca de hacer todo lo que podamos aun para evitar la tentación?
  2. Los filósofos y los teólogos a menudo hablan acerca de lo que llaman la “metanarración”, un tema grande dentro del cual ocurren las otras historias. Para decirlo de otro modo, una metanarración es el trasfondo, el contexto, el marco en el que se desarrollan las otras historias y eventos. Como adventistas, vemos la gran controversia como la “metanarración” o trasfondo para lo que está ocurriendo, no solo aquí sobre la tierra, sino también en el cielo. ¿Qué textos en la Biblia nos muestran la realidad de la gran controversia y cómo ayudan a explicar lo que está ocurriendo en el mundo?
  3. ¿Cuáles son algunos de los pasajes bíblicos más poderosos que nos prometen la victoria sobre las tentaciones que nos llegan en nuestro camino? ¿Por qué, aun con esas promesas, resulta todavía fácil caer?
  4. En una de las secciones de esta semana, encontramos la siguiente afirmación: “Dudar de la Palabra de Dios es el primer paso en ceder a la tentación”. ¿Por qué esto es así?
  5. ¿De qué manera la idolatría puede ser mucho más sutil que inclinarse y adorar otra cosa que no sea a Dios?